Tras el terrible impacto de la pandemia, vuelve el turismo. En la actual fase de recuperación, estamos viendo un crecimiento sin precedentes. Hace tres años, todos estábamos encerrados en casa. Tres años después, la situación ha dado la vuelta y puede definirse como “business as usual”, es decir, vuelta total a la normalidad. Y con esta vuelta regresa también el debate sobre el turismo en nuestro país y aquí nos preguntamos si el sector ha aprendido algo y damos pistas para un turismo más comunitario que facilite el encuentro entre residentes y foráneos.
En los últimos años, el turismo se ha vuelto un tema controvertido: todo el mundo quiere sus beneficios, pero pocos parecen dispuestos a aceptar los perjuicios que, a diferentes niveles, implica el desarrollo de este sector. Por un lado, crea empleo, pero, por el otro, estos trabajos son, en un número significativo, temporales y con sueldos bajos. Por un lado, supone una entrada importante de ingresos para bares y restaurantes, por el otro es también una fuente de ruidos y molestias para los vecinos, en especial cuando los flujos de visitantes atraviesan una zona o bien se hacen actividades en esta. Nos sentimos orgullosos de que nuestros edificios y monumentos atraigan a visitantes, pero no queremos ver a las masas transitando por nuestras calles. Con la recuperación casi total del sector (en esta Semana Santa se ha registrado en Barcelona un increíble 87% de ocupación hotelera) regresa el debate sobre los beneficios y los perjuicios que comporta el turismo.
En Ciutat Nova somos firmes partidarios de todo lo que ayuda a las personas a encontrarse e intercambiarse, contribuyendo así a un mayor entendimiento entre diferentes grupos humanos. El turismo es, potencialmente, una herramienta excelente porque tiene la capacidad de reunir a gente de diferentes procedencias y, por tanto, puede contribuir a superar prejuicios y crear relaciones de larga duración entre personas y, más allá, entre pueblos. Este ha sido, de hecho, el discurso oficial de la Organización Mundial del Turismo (OMT) en estas últimas décadas. Hay que decir, sin embargo, que las experiencias concretas y la investigación académica indican que esto no es un proceso automático. Esta idea de la “hipótesis de contacto”, es decir, que por el solo hecho de viajar a un sitio dejaremos los prejuicios de lado, no se concreta de manera tan directa como se podría pensar. Veamos: ¿cuántos de los turistas que llegan a Barcelona (o París, Roma, Amsterdam o Munich) entran en contacto con la comunidad local? Ciertamente, muchos de ellos visitarán monumentos culturales, pero tengo mis dudas de que se encuentren también con residentes. Las barreras lingüísticas, la forma en que está organizado el sector turístico y el reto intelectual y emocional que supone conocer e intercambiarse con personas nuevas, hacen que muchos visitantes se conformen simplemente con un tour urbano que incluya los monumentos y edificios más importantes del destino. Al final estamos de vacaciones, así que relajémonos y cojamos las cosas por el lado más suave. Quizás los visitantes más atrevidos degusten algo de la gastronomía típica del lugar. En este proceso, la comida diaria se vuelve algo ‘exótico’ que los foráneos pueden abordar sin miedo. Este es el caso del pan con tomate en Cataluña, del sürstromming en Suecia o del haggis en Escocia.
Visitar un lugar ignorando a la comunidad que vive allí es como ir al teatro y fijarse solamente en los decorados
Parece algo raro que, con frecuencia, los residentes queden fuera de todos estos procesos porque, desde los ámbitos profesional y académico, aseguran que las experiencias más memorables no son las que tienen que ver con monumentos o comida sino las que se hacen entre personas. Por ello, visitar un lugar ignorando a la comunidad que vive allí es como ir al teatro y fijarse solamente en los decorados, ignorando a los actores que representan la obra
A continuación, ofrecemos una lista con algunas ideas que pueden ser útiles a la hora de desarrollar un turismo más auténtico que favorezca el encuentro entre visitantes y residentes:
- Ya que la cultura local es un segmento en crecimiento, las autoridades deberían de apoyar firmemente las iniciativas empresariales o los productos relacionados con este tipo de turismo.
- Debería de facilitarse el contacto entre los turistas y las iniciativas culturales locales. Estas iniciativas pueden estar centradas en algún aspecto de la cultura local: grupos de cocina (‘Aprendan a preparar un plato típico’), grupos deportivos (‘Vengan con nosotros a ciclar a la playa’), grupos de baile, música, etc. En muchas ocasiones, foráneos y residentes compartirán un interés, lo que hará que se entiendan fácilmente solo con un vocabulario básico. Ciertamente, esto exige una apertura mental por parte de aquellos grupos que acogerán a los visitantes.
- Los guías turísticos son esenciales en este escenario: la tarea principal del guía debería ser facilitar encuentros de calidad entre los foráneos, los habitantes del lugar y la cultura de estos. Se acabaron los tiempos en los que el guía era un acompañante por calles desconocidas o una fuente enciclopédica de información (ambas funciones las cumplen hoy las aplicaciones de mapas y las páginas web). Los guías deben ser, ante todo, puentes entre diferentes culturas y, por tanto, tienen que asumir un rol más bien de facilitadores culturales.
- Hay que ‘formar’ a los visitantes. Con demasiada frecuencia, y seguramente de modo involuntario, se establecen relaciones jerárquicas entre los turistas (que pagan por un servicio) y los habitantes del lugar (que los sirven). Los turistas deben saber que son bienvenidos a un lugar, y, por tanto, son parte de este, no son solamente foráneos que contemplan escenas de la vida local. Por ello, es frustrante, especialmente para los habitantes de zonas rurales, que los visitantes paseen ignorando por completo a los residentes, sin dar los buenos días (lo cual se interpreta en estas zonas como signo de mala educación) o bien mirando ‘a través’ de los lugareños, como si estos fueran invisibles. Estimados visitantes a las áreas naturales o rurales: sepan que los habitantes de estos sitios estarán encantados de tratar con ustedes, darles información o simplemente charlar un rato.
Posiblemente, haya otras acciones que puedan favorecer el encuentro entre visitantes, lugareños y la cultura de estos, por tanto, aquí consignamos solamente algunas sugerencias. Pero, en cualquier caso, necesitamos que los residentes sean parte del desarrollo turístico de ahora en adelante porque, a través de ellos, podremos construir un turismo más social y sostenible.
Acerca del autor
Del Ampurdán a los Andes: las buenas rutas raramente son rectilíneas. Por el camino, muchos encuentros y enseñanzas. Todo esto me ha llevado al turismo, donde enseño y hago investigación.