El 1 de julio se celebró en Beget, Alta Garrotxa, la segunda edición del Festival de la Belleza.

Tal como decía la invitación, se trataba de la fiesta de la belleza, y no de la “vellesa” (vejez, en catalán). Nos hemos acostumbrado a homenajear a nuestros mayores, algo muy bueno, pero no celebramos tanto la belleza que hay en nuestro entorno o dentro de nosotros… Y, ¡atención al subtítulo!, tan prometedor como provocador: “La percepción de la belleza”. ¿Es posible encontrar una base común en un hecho tan personal como es la percepción que cada uno tiene de ella?

Los organizadores buscaron un lugar que habla de belleza por sí mismo: el pueblo de Beget, en la Alta Garrotxa, con su iglesia románica. Tal vez para irme preparando para la jornada, me pareció, esta vez, que el circo de montañas que cierra el pueblo “protegía” la iglesia y, ésta, a su vez, “protege” la “Majestad”, uno de los íconos del arte románico del país. Y no fue el románico solo el trasfondo de la jornada: al conversar con Josep Maria Mallarach, uno de los participantes, el románico se me hacía más vivo que nunca… Josep Maria me recordaba que esta arquitectura, lejos de ser las desnudas paredes de piedra que conocemos, eran edificios con una rica profusión de pintura interior y exterior. Si a este escenario le añadimos el rito de la época (misas dominicales que comenzaban al romper el alba y duraban seis horas), nos encontramos con unas formas y modo de hacer no muy distantes de los de la iglesia Ortodoxa.

No fue ésta la única lección del día; acudirán más ideas y experiencias, pero solo por esta nueva visión del románico ya merece la pena de haber viajado hasta aquí.

La jornada se estructuró en torno a conversaciones; y otras experiencias más lúdicas, tales como un paseo guiado por la naturaleza, una exposición fotográfica, un concierto de solistas clásicos o una velada de jazz.

Me limitaré a comentar los dos acontecimientos más “intelectuales” del día, a los que asistí y que fueron para mí de gran inspiración. Uno fue el diálogo entre dos mujeres practicantes de la mística: la monja Teresa Forcades (monasterio benedictino de Sant Benet de Montserrat) y Beatriz Calvo, una mística de tendencias más amplias. Es interesante ver cómo dos impulsos místicos de raíz tan diferente en muchos aspectos terminan encontrándose. Lo comento más tarde con Beatriz, y ella responde que cuanto más nos acercamos a Dios, más nos unimos todos.  Las creencias concretas (o cómo cada uno se imagina lo divino) nos hacen diferentes pero los valores y las acciones que se derivan de éstos pueden unirnos. El acercamiento hacia Dios hace desparecer diferencias accesorias y nos sitúa a todos en otro nivel. Respiro, y creo que acabo de escuchar una gran verdad.

A media tarde, bajo la sombra de los árboles de la plaza del pueblo, el frescor nos acuna mientras Joan Noguer (Universitat de Girona) y Esteve Serra (Fotógrafo independiente) nos introducen en el paisaje y la gente de la Alta Garrotxa. El profesor Noguer, con sus cuarenta años de investigación en la zona, ha visto cómo los últimos pastores y leñadores iban siendo sustituidos por los neo-rurales, es decir, aquellos que, “quemados” por la vida de la ciudad, quieren una existencia más auténtica en medio de la naturaleza. ¿La encuentran?  Los dos ponentes muestran claroscuros en los nuevos desarrollos demográficos de la zona y el fotógrafo Serra muestra en su nuevo libro los momentos más recientes. Y ambos avisan de que una cosa es buscar una fantasía y otra es la realidad con la que uno puede encontrarse.

Miramos también el paisaje y nuestro entorno: son “únicos” o son “cotidianos” (y, por lo tanto, ¿qué miradas suscitan?). Residentes y turistas se enfrentan a los inputs de un entorno “bonito” como el que hoy nos acoge de una manera muy diferente. ¿Está más dispuesto a defender los valores del paisaje quien lo ve diariamente o quien lo ve de vez en cuando? ¿Empuja con más fuerza la cotidianidad o lo extraordinario cuando se trata de defender la naturaleza?

Nos recuerda el profesor Noguer que los paisajes son vividos por muchas personas y organizaciones diferentes y, a veces, se encuentran pocos, muy pocos valores comunes que empujen a la acción.

Es media tarde, tengo que marcharme… mientras voy circulando por la pequeña carretera que une Beget con Montagut, las ideas se van colocando en su sitio, a lo que ayuda el paisaje que se va deslizando. Y a él me dirijo: ¿Cuánto vales, precioso paisaje de La Garrotxa? Porque una idea central ha sido que el valor de esta naturaleza lo hemos puesto nosotros, la civilización occidental. Para otras culturas nativas presentes en el mundo la naturaleza es innegociable.

Llego a la llanura donde vivo, con sus carreteras, coches, polígonos industriales y mucha gente yendo de aquí para allá; en un primer momento, todo el conjunto me resulta algo pesado: es evidente que días como éste que acabo de vivir te hacen más sensible a la importancia de nuestro entorno cotidiano. Está claro que los amigos de Silene, con este festival, han mostrado que es precisamente en este entorno cotidiano, donde debemos de ir a buscar la belleza

Acerca del autor

Más artículos

Del Ampurdán a los Andes: las buenas rutas raramente son rectilíneas. Por el camino, muchos encuentros y enseñanzas. Todo esto me ha llevado al turismo, donde enseño y hago investigación.

0

Finalizar Compra