• Solidaridad

  • Bondad


Podría ser el comienzo de una lista más de buenos deseos para el próximo año. Pero no… Se trata, a mi modo de ver, de dos elementos imprescindibles en la construcción de la sociedad del siglo XXI.

Desde que ha empezado el siglo vamos de crisis en crisis. Ahora económica, ahora financiera, ahora social, ahora sanitaria… ahora de todo. Y así vamos tirando… Recientemente (21/01/2022) la ONU hizo un llamamiento a la cooperación de las grandes potencias mundiales para hacer frente a tantas crisis de todo tipo.

De hecho, hace muchos años que sabemos que muchas de las claves para ir desarrollando los grandes retos de este siglo XXI, comienzan por CO: cooperar, colaborar, compartir, convivir… Un cambio de paradigma que no nos acabamos de creer. Dicen que el hombre (y posiblemente la mujer) es el único animal que tropieza muchas veces con la misma piedra. Pues sí, cada crisis un tropiezo. Y nosotros tozudos, ir insistiendo en el individualismo, el egoísmo, la competición, la lucha y la imposición.

Lo de la solidaridad y, aún más lo de la bondad, es cosa de ingenuos bonistas con tufo de sacristía. Cuatro activistas mal informados que no saben de qué va la cosa. ¡Así no se construye el mundo! Ciertamente, así no se construye este mundo. Estamos construyendo otro y si no estamos al acecho y ponemos nuestro grano de arena, el resultado no nos gustará lo más mínimo.

Últimamente, mire hacia donde mire, todo me lleva hacia la necesidad de estos dos elementos clave: solidaridad y bondad, para avanzar en la construcción de una sociedad más humana. Por ejemplo, confiamos mucho en la tecnología. Algunos incluso la idolatran y creen con fe ciega que con ella saldremos de todo. Bien, cada uno es libre de creer en lo que le parezca. A mí, personalmente, me da la impresión de que la tecnología tiene (así, en presente) un papel primordial (sin ser un dios) en el desarrollo de la sociedad del siglo XXI, aunque no es omnipotente.

Y, ¿qué significa tecnología ahora? El gran potencial tecnológico, presente y futuro, está basado en la inteligencia artificial (IA), más presente ya en nuestras vidas de lo que somos conscientes de ello. La IA, basada en algoritmos que se construyen a base del Big Data, este enorme alud de datos que entre todos vertemos al sistema de forma consciente o inconsciente. Esto no es una ficción ni una posibilidad, sencillamente es una realidad imparable. Conviene pues que los datos que alimentan el Big Data sean de calidad, equitativos, solidarios, justos… si queremos que los algoritmos no sólo sean buenos algoritmos, sino algoritmos buenos.

Algoritmos que gobiernen estas máquinas, que nos gusta llamar androides, y que hace tiempo han dado el salto de las pantallas cinematográficas al comedor de muchos hogares. Máquinas que deben ser solidarias y buenas con los humanos, para ayudarnos a ser cada vez más humanos. Máquinas con las que no debemos competir, sino colaborar. Androides que no deben sustituirnos, sino ayudar, ser complementarios en todos los frentes donde la vida se desarrolla: trabajo, salud, educación, economía, política, ocio, deporte, cultura…

Encontraríamos otros elementos que se apuntan como herramientas útiles para caminar hacia un nuevo estado del bienestar más justo e igualitario, como la renta básica universal. También en su implantación nos topamos con la necesidad de una solidaridad a 360º para poder disponer de los recursos necesarios para que sea una realidad; y de la bondad, honestidad y transparencia de todo el mundo, para que pueda aplicarse con éxito.

Sí, miremos dónde miremos, todo apunta hacia esta necesidad de ser más solidarios y mejores personas. Para superar las grandes crisis, presentes y futuras, podemos mirar hacia la ciencia, hacia la técnica, hacia la economía, hacia la política… Mirad donde queráis, pero, en mi opinión, cualquier solución pasa por este cambio de paradigma, urgente y radical. Caminar ya, decidida y apresuradamente, hacia una sociedad más solidaria y buena.


Este artículo ha sido publicado (en lengua catalana) en el blog del autor: A prop de l’Onyar

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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