Mientras nos sigamos haciendo esta pregunta, probablemente estamos caminando hacia un lugar donde nadie gana.
Ganadores y perdedores, poderosos e invisibles, ricos y pobres… Polarizaciones, competitividad, machismo, enfrentamiento, división, desigualdad, injusticia… guerra.
La situación global del mundo que habitamos, creo que está pasando momentos de extrema gravedad. Crisis: riesgo y oportunidad, según los dos ideogramas japoneses que definen a este término. Crisis global, seguramente sistémica, que afecta al conjunto y también a cada uno individualmente. Riesgos globales, riesgos personales. ¿Oportunidades globales? ¿Oportunidades personales?
Cada vez se pone de manifiesto la precariedad del transporte público, especialmente en las grandes ciudades, pero también en poblaciones intermedias y pequeñas. Trabajadores y estudiantes que optan por desplazarse en medios públicos, sea por economía o por conciencia ecológica, encuentran muchos puntos oscuros en una red colapsada o insuficiente, que provoca carencias, retrasos y cancelaciones cada dos por tres.
Y si lo desean, podemos hablar de la sanidad pública. La pandemia lo mostró con toda su crudeza, pero superadas los peores momentos de las oleadas de contagios, el sistema público de sanidad sigue dando muestras claras de estrés, con profesionales tan entregados como quemados, con largas listas de espera e instalaciones y servicios precarios.
En realidad, es todo el sector público que se encuentra en un estado cada vez más deficitario. El sistema educativo, merecería plato aparte; los servicios sociales, la atención a la gente mayor; la atención a una juventud sin esperanzas de futuro, sin acceso a vivienda, ni de alquiler ni de propiedad; la acogida a las personas migrantes, los servicios penitenciarios… y si lo desean, seguimos. Todo el sector público se encuentra extraordinariamente debilitado.
Y mientras esto ocurre, se bajan los impuestos, por ejemplo, el IVA, para poder ayudar a quienes más lo necesitan a superar la crisis. ¿Seguro? Una ola ideológica con una estrategia bien marcada opta paralelamente por eliminar o rebajar los impuestos a las clases más acomodadas. Dicen que esto nos hace más libres y reactiva a la economía. ¿Seguro?
En realidad, seguimos preguntándonos: ¿Quién gana? Dejar de prestar servicios públicos para todo el mundo o que éstos sean cada vez más insuficientes y deficientes, significa engordar la oferta privada de servicios, que son sólo para aquellos que pueden pagarlo. Sí, gana el sector privado por goleada… de momento. Un sector privado que trae también el germen de la lucha. Grandes corporaciones que pretenden ganancias ilimitadas, versus trabajadores cada vez más afectados de enfermedades mentales, de suicidios, de accidentes y de roturas de todo tipo. ¿Quién gana?
Thomas Piketty en “Una breve historia de la igualdad”, asegura repetida y documentadamente que son las movilizaciones fuertes, las revoluciones, las revueltas, los choques, los que han hecho avanzar a la humanidad a lo largo de la historia hacia una mayor igualdad, todavía muy insuficiente y probablemente en época de retroceso. Es que, mientras son sólo unos pocos, quienes no pueden acceder a cubrir necesidades básicas a través del sector privado, todo sigue siendo un negocio. Pero cuando la carencia afecta a una amplia mayoría de personas, la revuelta está a la vuelta de la esquina.
Empiezan a haber síntomas de revueltas y movilizaciones. Por el momento llegan de manos de las mujeres, las grandes perdedoras de la historia. Sin embargo, muchos hombres que nunca se han identificado con la prepotencia del macho, se van añadiendo. Porque ya no es posible seguir preguntándose: ¿Quién gana? Esto no va de luchar, sino de colaborar. Esto va de salirse todos juntos.
Sin embargo, de momento un sector muy minoritario se siente todavía ganador. Seguro que, por ahora, pueden sentirse así. Pero creo que, si continuamos por este camino, más pronto que tarde, sea la revuelta del planeta, sea la revuelta de las personas, sea ambas, acabarán por revertir ese escenario que no lleva a ninguna parte.
No dudo que las personas somos duros de pelar y, quien todavía se siente ganador y quiere perpetuarse en este podio, aún más. Por eso, tampoco dudo, que harán falta sacudidas aún más fuertes. Quizás más guerras de las que ya tenemos, quizás fenómenos climatológicos aún más extremos de los que ya sufrimos, quizás aún más movilizaciones… Todo son riesgos que seguramente habrá que asumir – a pesar de ser evitables -, para provocar que todo el mundo – especialmente los que ahora ganan – se dé cuenta de las oportunidades que la colaboración ofrece para superar las crisis.
El camino del podio donde sólo caben unos pocos, es un camino cerrado. La humanidad avanza cuando es capaz de superar las crisis a través de la colaboración. Y es que, en el fondo, no existe alternativa. Mejor dicho, la única alternativa sería la destrucción que nadie – tampoco quienes ahora ganan – quiere.
Este artículo ha sido publicado en el blog del autor (en lengua catalana, con traductor disponible): A prop de l’Onyar
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.