San Jorge, día del libro, de la rosa, del amor. Ingredientes todos ellos de la vida. Porque leer es vivir un poco más allá de nosotros mismos y a la vez, buscar respuestas en nuestro interior.

 

Desde muy niño, la lectura y los libros han formado parte de mi vida, me recuerdo embelesado con las aventuras de Julio Verne, de su mano viajé por todo el mundo sin tener que salir del pueblo andaluz donde nací hace ya más de sesenta años; aprendí el sentido de la verdadera justicia, la que apoya a los débiles y derrota a tiranos y déspotas con el Capitán Trueno; de un lugar a otro  iba con mi Atlas, en aquellos momentos en que la descolonización era una realidad y surgían nuevos países. Y, como no, en un lugar perdido en mi memoria, deben estar las hazañas de un hidalgo manchego que luchaba contra gigantes, don Quijote de la Mancha, aunque por mi aspecto físico me identifico más con Sancho Panza.

Ya de joven, me atreví con los libros de mi padre, novelas que aún hoy conservo, magníficamente editadas por Éxito y entre las que destacan algunos títulos que luego tuvieron su correlato cinematográfico, como “Los pájaros” de Daphne de Maurier.

Mi hermano mayor era socio del Círculo de Lectores y nos llegaban mensualmente unos libros de pasta dura, sobre todo novelas, pero también algún que otro ensayo, como aquel que leí sobre el campo de concentración de Treblinka que me hizo comprender los horrores del genocidio judío a manos de los nazis.

En el colegio, mi primer libro fue “Corazón” de Edmundo D´Amicis, que recogía entre sus páginas el cuento de Marco que fue a Argentina en busca de su madre.

En el instituto, la literatura en lengua castellana en todo su esplendor, el teatro de Casona y Valle Inclán, las novelas de Unamuno que despertaron en mi interior un pálpito ante el sentido trágico de la vida; pero también el bálsamo de la poesía. Machado, siempre Machado, por encima de los demás poetas incluso de Lorca. El camino se hace al andar, pero nunca solo, siempre con un libro.

En la universidad, libros de historia, esa era mi vocación  y aprendiz de historiador sigo siendo. De la de España, don Antonio Domínguez Ortiz, sin olvidar a los hispanistas ingleses y franceses, como Pierre Vilar. No en vano nuestra guerra civil, la que desgarró nuestra piel, despertó tanto interés en su estudio.

Muy pronto la pasión de viajar, prepararlo detenidamente con libros, reposarlo al retorno de nuevo con libros. Hacerse un poco un miembro más del lugar que estás visitando.

Dediqué 36 años, 10 meses y 4 días-así consta en mi hoja de servicios- al oficio de profesor y los libros me acompañaron en cada momento.

Estudiar, que bello verbo, conjugado al unísono con leer y ambos unidos a disfrutar.

La lectura es uno de los mayores placeres del ser humano. Ojalá nadie quede sin alfabetizar y que al menos unos pocos libros formen parte de las señas de identidad de cada persona.

Ya en la madurez, osado y atrevido que soy, escribir, no solo de temas históricos que sería lo normal en mi caso sino también de poesía que viene a mi encuentro sin tener que ir a buscarla; además de mi autobiografía que también la he dejado ya impresa como un recuerdo de una vida que sirva de pequeño regocijo a mis seres queridos, que con su lectura pueden comprender tantas cosas.

Los libros viven en las bibliotecas, allí son consultados de día, mientras que de noche ya sueñan en nuevos relatos. De amor, de misterio, de lo bueno y lo malo que rodea al ser humano, lo más noble y lo más abyecto como pueden ser las guerras. Los poemas más bellos están disponibles para endulzar nuestras vidas tantas veces amarga y las obras de teatro para ser interpretadas en su justo momento. Ahora con el Covid cuesta mucho trabajo acceder a ellas, esperemos que pase pronto este tormento.

El libro como objeto, el olor al papel impreso, el suave tacto de su lomo y la rigidez de las portadas tan sugerentes y bellas. Soy un fetichista de los libros, me gusta verlos en sus anaqueles, tan disponibles y solícitos. Tengo también un libro electrónico, pero me gusta pasar horas muertas en las librerías y al final siempre cedo a la tentación y alguno compro.

En algún que otro momento de mi vida, de este bosque de sueños que soy han brotado ramas infructuosas, pues confieso mi afán de emular a tantos creadores, ingenieros del léxico, artesanos de las palabras. He querido ser un primer hombre como Albert Camus, reflexionar con Semprún sobre la escritura o la vida, vivir en un reino de taifas como Goytisolo o ser un poema de Alberti.

Día del Libro, 23 de Abril, día de fiesta. Rosas, libros y enamorados acudan puntual a su cita.


Autor: Manuel Toribio García – Historiador – Gyróbagus  

 

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