En la primavera del 2020, cuando acababa de irrumpir la pandemia, nació esta sección dedicada a la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ahora, cuando parece que la pandemia se va diluyendo, ha llegado el momento de recoger. Será una casualidad… o tal vez no.

 

HORA DE RECOGER

Sí, de recoger, porque con este artículo se termina la sección, pero no de concluir. ¡Queda mucho por hacer!

Estos dos años tan especiales han puesto sobre la mesa con más fuerza que nunca un falso dilema: ¿salud, crecimiento económico o preservación de la naturaleza? A menudo hemos creído que había que elegir entre estos tres elementos como si fueran incompatibles entre sí, pero, en realidad, las cosas que hay que hacer para preservar la salud y al mismo tiempo conseguir un desarrollo y un planeta sostenibles son exactamente las mismas.

Esta realidad, aparentemente sorprendente y contradictoria, pasa por configurar de nuevo el equilibrio y los roles de la ciencia, la política y la economía. Un equilibrio enfocado al bien de todos y que sólo puede alcanzarse si nadie se queda atrás. Ante este reto, los instrumentos conceptuales para conseguir el equilibrio global que aportan los 17 ODS resultan de vital importancia.

Salud, economía y naturaleza tienen que ir de la mano

La Agenda 2030 presenta tres novedades destacables que no se pueden interpretar separadamente:

  • Todos sus objetivos se califican como sostenibles.
  • Huye de una perspectiva de desarrollo unidireccional, de los ricos a los pobres, presentando el horizonte de un interés compartido y común para, a partir de aquí, desarrollarse conjuntamente de manera sostenible.
  • Propone unos objetivos que están necesariamente interconectados y son sinérgicos.

En el fondo, podría decirse que la Agenda aparece como una propuesta de nueva economía, modelada por nuevos valores y al servicio de la entera humanidad. En esta economía el progreso, el desarrollo y la expansión no son incompatibles con el equilibrio, ni el humano ni el ambiental, sino que más bien son el camino  para garantizar una progresiva sostenibilidad universal.

 

¡HAMBRE CERO!Hambre Cero

En estos dos años hemos tratado cada uno de los 17ODS siendo conscientes de que todos están interrelacionados.

El ODS 2, Hambre cero, ha aparecido en diversas ocasiones y tal vez no es casualidad que ahora, al terminar la serie, hablemos de él nuevamente. Sin el derecho básico a la alimentación el resto de derechos deja de tener sentido. Naciones Unidas [1] reconoce que las metas de este objetivo están lejos de alcanzarse y, lo que es más grave, que su itinerario acusa un retroceso.

Sin el derecho a la alimentación los otros derechos no tienen sentido

Tras tres décadas de mejora de los datos sobre la reducción del hambre en el mundo, a partir del 2015 la tendencia comienza a ser negativa. El aumento de unos 10 millones de personas al año eleva a casi 700 millones la población que pasa hambre en todo el mundo; eso quiere decir que un 9% de la población mundial se encuentra en estado de desnutrición. Son datos indicativos de una mala orientación para que sea posible alcanzar este objetivo en el 2030.Y hay que reconocer que los indicadores sobre los otros objetivos tampoco son muy alentadores, como puede verse en la tabla de la página 12.

Los conflictos bélicos, las guerras de todo tipo, la aceleración del cambio climático y las pandemias, añaden todavía más dificultades. Sin embargo estos tropiezos no admiten el desánimo, sino una mayor dosis de compromiso, personal y colectivo para revertir la tendencia. Desde evitar el desperdicio de alimentos en la cocina de casa hasta las políticas de cooperación internacional, hay un enorme espacio para acciones de todo tipo que, coordinadas y orientadas al objetivo común, pueden desencadenar el potencial sinérgico que tienen.

 

EL MENÚ COMPLETO

Y es que para conseguir el objetivo Hambre cero, como sucede con el resto de objetivos, no basta con disponer de un ingrediente o de un plato, por importante que éste sea; se necesita todo el menú, bien presentado, ordenado, condimentado y sabroso. La imagen que se utiliza para presentar los 17 ODS es muy pedagógica ya que nos recuerda una matriz de elementos todos interconectados.

Los ODS no son una lista, sino una matriz de equilibrio global. Es fácil descubrir en ella funciones que vinculan cada casilla con las otras: el fin de la pobreza con el Hambre cero, por ejemplo. Podríamos sintetizar sus 17 casillas en cuatro elementos básicos [2]: medio ambiente, paz y estabilidad, desarrollo, derechos humanos y sociales. Tomando como punto de partida cada uno de estos cuatro elementos, podemos encontrar el circuito y el enlace con los otros tres restantes. Por ejemplo, si partimos del medio ambiente, es evidente que el equilibrio medioambiental es importante para los medios de subsistencia, la dignidad, el desarrollo, la paz y la estabilidad, y su consecución define una condición de bienestar general.

Con una mirada más a ras de tierra podríamos partir del trabajo de un agricultor que, si le ha sido posible tener una educación sólida, podrá gestionar mejor sus campos, preservarlos de la contaminación, contar con medios de subsistencia más dignos y, por lo tanto, podrá resistir ofertas tentadoras pero quizás poco éticas, etc.

 

¿HA VALIDO LA PENA?

A mí me parece que ¡sí que ha valido la pena! Percibo este recorrido de modo positivo, tanto por la época a lo largo de la cual se hizo como porque el mantra de que no hay nada  que hacer se instala por todos los rincones, y todo eso en conjunto hace más necesario que nunca que muchas velas, pequeñas o grandes, sigan navegando por este mar de confianza y de esperanza colectivas que representa la Agenda 2030.

Soy consciente de que hay grandes corporaciones empresariales, gobiernos y administraciones que pretenden utilizar la consecución de los 17 ODS únicamente a favor de sus intereses, o como simples campañas de un márquetin diseñado con precisión casi quirúrgica. Ni esta sección ni la misma Agenda van de esto; más bien van de dar una oportunidad a la confianza y a la esperanza. Sobre todo, porque ninguno de los 17 ODS es algo ajeno a todo lo que nos afecta a todos.

Podríamos caer en la trampa de pensar que el remedio para todo esto ha de llegar desde el nivel institucional, macroeconómico y organizativo, con las personas mirándoselo pasivamente. ¡Es tan sólo una ilusión! Ningún tratado o ley, por sí mismos, revertirán el cambio climático; en todo caso, serán sólo instrumentos para favorecer los cambios que se hayan producido en los comportamientos individuales y concretos de las personas y de las comunidades. Tampoco la tecnología resolverá el problema; sólo nos dará un poco más de tiempo, pero, más bien pronto que tarde, será necesario aceptar cambios en nuestra manera de vivir.

Cambios que, si bien dibujan un horizonte más sano, justo y sostenible para todos, suponen cambios y renuncias a nivel personal, especialmente en las sociedades acomodadas. ¿Estamos apelando a redescubrir el componente espiritual de la persona? ¿Es posible que pongamos por encima de nuestra comodidad el bien del otro? ¿Podemos avanzar en la consecución de la Agenda 2030 sin una profunda y personal conversión? ¿No será que los ODS y todo lo que les rodea es, en el fondo, una llamada a despertar la espiritualidad de la persona?

Parece que los vientos soplan cargados de tropiezos, pero si muchas velas, de muy diferentes navíos, se orientan en la dirección del bien común, el mar de la confianza y la esperanza permitirá que lleguen a buen puerto.

Referencias

  1. Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS 2: un.org/sustainabledevelopment/es/hunger
  1. Grammenos Mastrojeni, “Un’unica salute: il benessere intrecciato dell’uomo e del pianeta”, Nuova Umanità 243, pàgina 112

Este artículo ha sido publicado en el número 190 de la revista: Que aproveche

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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