Siempre es una riqueza poder profundizar la dimensión espiritual del simbolismo de la fachada de la pasión de la sagrada familia. Cultura y tendencias que también permiten el diálogo.

 

Ningún arquitecto despierta tanta curiosidad, admiración y pasión en todo el mundo como lo hace Antoni Gaudí. Su genialidad hizo que siete de sus obras: el Park Güell, el Palau Güell, la Casa Milà (La Pedrera), la Casa Vicens, la fachada de la Natividad y la cripta de la Sagrada Familia, la Casa Batlló y la cripta de la Colonia Güell hayan sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Siete maravillas que nos muestran, 95 años después de su fallecimiento, la importancia y valor de todo el universo creativo y simbólico del genial arquitecto catalán.

Según Martinell, uno de sus discípulos, Gaudí era hombre de conversación, pero no de discusión, un hombre apasionado, tanto en sus opiniones como también en su maestría y su arte. Un día hablando de políticos, decía que estos tenían que ser hombres de pasión, pero que la han de saber dominar, empezando por ellos mismos. También creía que la inteligencia debe estar siempre al servicio de la verdad y que el arte debe ser comprensible: todo debe ser hecho por las personas y para las personas. También estaba convencido de que sólo se pueden alcanzar los objetivos a través de un gran esfuerzo y constancia y con trabajo en equipo.

Hay que sacar provecho de las mejores cualidades de cada uno. Es decir: integrar, sumar esfuerzos y dar una mano … Además, hay que recordar que no hay nadie inútil, todo el mundo sirve (aunque no todos con la misma capacidad); la cuestión es encontrar para qué sirve cada uno.

LA PRIMERA DE LAS NUEVAS CATEDRALES

Sagrada FamiliaEl templo expiatorio de la Sagrada Familia, icono de la ciudad de Barcelona y obra a la que Gaudí dedicó más de 40 años de su vida -los dos últimos incluso vivió en su estudio de la obra- es visitado anualmente por más de tres millones de personas de todo el mundo. La idea original de los promotores, la Asociación Espiritual de devotos de San José, era la de construir un templo majestuoso de estilo neogótico para difundir las virtudes de la familia de Nazaret, siguiendo el mismo patrón de la Basílica de Loreto, con una reproducción de la Santa Casa que según la tradición se conserva en este municipio italiano desde la época de las cruzadas. Cuando Gaudí asume la obra con 31 años, mantiene la misma planta de la cripta del arquitecto Villar, pero eleva las bóvedas del techo para permitir el acceso de luz y ventilación y la rodea de un foso para prevenir la humedad. Poco a poco va cambiando el proyecto que inicialmente pensaba terminar en 10 años, pero luego comprendió que nunca vería terminada su obra y que existía la posibilidad de que, a su muerte, el proyecto se recortara por falta de financiación o interés. Por este motivo, decidió elevar hasta su máxima altura una parte muy significativa de las partes más exteriores y menos funcionales del templo. De esta manera, evitaba una disminución de la altura prevista; las partes construidas eran inútiles sin terminar totalmente el templo y, lo más importante, dejaba una muestra suficientemente significativa de su personal estilo constructivo que sirviera de guía cuando él faltara. Gaudí construyó esta obra, destinada a ser la primera de las nuevas catedrales, pero también se podría afirmar que la Sagrada Familia construyó Gaudí, como persona, como artista y como creyente.

El trabajo es fruto de la colaboración, y ésta sólo puede tener lugar en el amor.

COLABORADOR DE LA CREACIÓN

«La originalidad consiste en volver al origen; de manera que original lo es aquel que con sus medios vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones». Con este convencimiento, este bisnieto, limpio e hijo de caldereros con capacidad de ver el espacio y de captar la luz del mediterráneo, se considera simplemente un colaborador de la creación de Dios, y como buen observador de la naturaleza, es capaz de descubrir sus leyes y aplicarlas a la arquitectura.

Su intención, en este templo enclaustrado de 52 columnas arborescentes (como 52 son los domingos a lo largo del año) que configuran un gran bosque sagrado que se alza hacia la luz y el cielo estrellado, es llevar a las personas de la ciudad terrestre a la celeste, mostrar el camino hacia el origen que es también nuestro destino, el alfa y el omega, el jardín del Edén y el Paraíso. Un estallido de luz y de colores que llena el espacio como si fuera el primer día de la creación o el apocalipsis con la venida de la Jerusalén celestial, llevando el cielo a la tierra. Los misterios de la vida y de la muerte, también quedan reflejados en los retablos de piedra en el exterior, y ponen de relieve las virtudes de la fe, esperanza y caridad, en contraste con el materialismo de nuestra época.

De carácter fuerte y apasionado, la dimensión espiritual de Gaudí no se quedó sólo en una piedad religiosa, como podría parecer en una de sus últimas fotos en la procesión del Corpus. La espiritualidad vivida como terciario franciscano la desarrollaba en alegorías ricas de simbolismo que plasmaba en sus obras. Inscripciones, anagramas e imágenes se repiten no sólo en el interior y exterior del templo, también en muchos de sus otros edificios como la Casa Batlló donde aparecen las iniciales de José, María y Jesús; y también en La Pedrera donde Gaudí había proyectado una escultura dedicada a María junto con el escrito en latín Ave María, gratia plena que hoy corona el edificio.

Él mismo cuando alguien lo requería, explicaba amablemente la construcción, el arte y el simbolismo del templo y explicó la convergencia de la belleza de las formas en la unidad suprema que rige los destinos del Universo.

LA FACHADA DE LA PASIÓN DE GAUDÍ

PasiónLa descripción del simbolismo en Gaudí es muy rica y puede tener múltiples interpretaciones que dependen del punto de vista de quien contempla su obra. Muchos de los edificios que proyectó los coronaba con la cruz de cuatro brazos, inspirado en la semilla del ciprés cuando se abre, símbolo del valor salvífico de la pasión y muerte en la cruz de Cristo que había dado la vida para redimir los pecados de toda la humanidad. Este infinito amor de Dios se condensa en el testimonio de su nacimiento y en su pasión, que junto con la gloria son los temas escogidos por Gaudí para las fachadas de la Sagrada Familia.

Gaudí poco después de pasar un tiempo en Puigcerdà para recuperarse de unas fiebres de Malta y, fruto del encuentro con el sufrimiento y de la lectura del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, dibujó la estructura arquitectónica y el programa iconográfico de la fachada de la Pasión, que no se corresponde con la actual obra del escultor Subirachs.

Como comenta Martinell, Gaudí pensó la fachada de la Pasión de cara a poniente (donde el sol muere), contrastando con la del Nacimiento por la dureza de sus formas y la sobriedad en la decoración, evocando el gran sufrimiento que quieren representar. La imagen de Jesús crucificado presidirá la puerta central con la Virgen y San Juan a los pies. La cruz dividirá la puerta en dos partes, en ambas partes figurarán, quienes asistieron a la agonía de Jesús: a la derecha estarán las santas mujeres y quienes huían atemorizados del Calvario, el centurión y otros; a la izquierda, quienes burlaban Jesús diciéndole por qué no bajaba de la cruz si como decía, era Dios; y otras representaciones. Encima del Crucifijo irá la palabra Veritas. En la parte superior habrá Jesús lavando los pies a los apóstoles en prueba de humildad y amor, con la palabra Vita, significando que la vida no es posible sin amor. Más arriba habrá la Santa Cena con la institución de la Eucaristía y en la cima, la Resurrección simbolizada por el sepulcro vacío, el ángel y las tres Marías. En las partes laterales, otras escenas relacionadas con la Pasión llevarán la palabra Via, que significa camino. A la derecha la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y a la izquierda la salida con la cruz a cuestas, camino del Calvario.

La importancia de la caridad en los cuadros centrales del dibujo de Gaudí se pone de manifiesto con la cruz en la puerta de acceso al templo, (puerta de la Redención) donde Cristo muere para salvarnos, y la relación con los cuadros superiores del lavatorio de los pies, símbolo de servicio y estima recíproca, y de la última cena, donde también Jesús da su cuerpo y su sangre en las especies eucarísticas del pan y el vino.

También diseñó en la fachada de la Pasión un monumento dedicado a su amigo, el obispo Torras i Bages, quien escribió sobre Gaudí en el prólogo del libro Los misterios del Rosario, que quería representar plásticamente los ejemplos de la Familia de Nazaret para que sirviera de modelo a todas las demás familias. El arquitecto Jordi Bonet ha hecho el estudio del monumento de este patriarca espiritual de Cataluña y sería un buen homenaje a su figura.

A pesar de la trágica muerte de Gaudí el 10 de junio de 1926, tres días después de ser atropellado por un tranvía, y de la destrucción 10 años después en 1936 de su estudio y archivo personal con los modelos, dibujos y planos debido a un incendio durante la guerra civil, su pasión para construir este templo, que «… debe despertar los corazones dormidos, fomentar la fe, hacer revivir el amor …» sigue más viva que nunca. Así como sigue adelante el proceso de su beatificación, presentándolo como modelo de persona que a través del arte y las formas arquitectónicas nos lleva a la trascendencia y la contemplación de la belleza de la creación y de su Creador.


Autor: Javi Muriel – (Este artículo se publicó en el número 165 de Ciutat Nova)
Fotografías: Ján Morovič

El diálogo continuará entre Gaudí i Subirachs de la mano del autor del artículo. El jueves 25 de marzo a las 19:30 se podrá seguir en directo:

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