“Todas las personas mayores han sido primero niños, pero son pocas las que lo recuerdan”, dice el Pequeño Príncipe, de Saint-Exupéry. Cuando los recuerdos se debilitan, hay que reforzar las conexiones sociales, familiares, comunitarias… Una red de interrelaciones que la Agenda 2030 nos recuerda.
No dejar a nadie atrás.
Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 han de alcanzarse conjuntamente, porque su grado de dependencia es muy alto. Sin embargo, la idea de que ningún objetivo puede cumplirse sino lo hacen todos es también un punto clave, que inspira de manera transversal la totalidad de la Agenda.
No dejar a nadie atrás es, pues, una condición ineludible que sitúa en lugar preferente a las personas más vulnerables. Desde este punto de vista, las personas mayores, especialmente las mujeres mayores, configuran un colectivo de especial relevancia.
De hecho, no hablamos de una cuestión menor. La Oms calcula que, en el año 2050, habrá 2000 millones de personas mayores de 60 años en el mundo (un 22% del total de la población prevista) y, de éstas, 395 millones tendrán más de 80 años. Un gran reto éste de no dejar a nadie atrás, considerando que la sabiduría, la experiencia, la energía y los ideales de la gente mayor, tanto como los de los jóvenes, son vitales para el logro de los ODS. Debe pensarse, además, que los vínculos constructivos entre jóvenes y adultos fomentan el entendimiento y el respeto del papel de ambos en la sociedad. Así, pues, resulta una combinación perfecta para remar en la dirección de recuperar el protagonismo de la gente mayor, promoviendo su inserción social activa.
Más humanos y menos tecnológicos
Si, desde siempre, los retos de la Agenda 2030 han sido un desafío mayúsculo, la pandemia de la Covid 19 ha puesto todavía más en evidencia que sólo es posible avanzar de la mano de la sostenibilidad y de la tecnología. Las personas mayores necesitan una dosis suplementaria y especial de humanidad y, al mismo tiempo, son dispensadores privilegiados de ésta; por eso, la disrupción tecnológica que vivimos tiene que integrar armoniosamente una relación entre el ser humano y la técnica, que establezca una alianza entre la dignidad humana y la tecnología.
Ámbitos como la salud, la educación, la vivienda, el transporte y el mercado laboral son sectores capitales para un envejecimiento saludable dentro de los parámetros de los ODS. La tecnología no les será ajena sino que, antes bien, tendrá un papel protagonista en el cambio de modelo social y político necesario para poner en el centro los derechos de las personas vulnerables y ancianas; por ejemplo, la domótica aliada a la internet de las cosas puede ofrecer a una persona mayor un complemento de seguridad y comodidad.
Disponer de lo necesario
Los dos primeros ODS (Erradicación de la pobreza y Hambre cero), si bien se refieren a un universo mucho más amplio, hay que interpretarlos también en clave de gente mayor. Cuando en el objetivo 1.3 se pide mejorar los sistemas de protección social para todos, en particular para las personas pobres y vulnerables, también se está refiriendo a los sistemas de pensiones y rentas mínimas y a las prestaciones sociales, a fin de que las personas mayores no se queden al margen de los ingresos mínimos para una vida digna.
Corresponder adecuadamente es agradecimiento, pero también justicia
Y también el objetivo 2.2 dedicado a la malnutrición pide que los ingresos económicos y el acompañamiento sean suficientes para garantizar una alimentación adecuada a las necesidades nutricionales de las personas mayores.
Una salud de hierro
El ODS 3 (Salud y bienestar) resulta de enorme relevancia al proclamar que se debe garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y a todas las edades. La cobertura universal de salud, el acceso a servicios sanitarios de calidad y a medicamentos esenciales seguros, eficaces, de calidad y asequibles son elementos vitales que se encuentran incluidos en este ODS.
No obstante, se propone implementar la responsabilidad del cuidado de las personas mediante el desarrollo de sistemas de atención que se orienten a cuidados compartidos entre familias, profesionales, instituciones y gobiernos.
Iniciativas como la del Centro Internacional y Familiar del IESE Business School, que propone la Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC) a las empresas, son ya un buen síntoma. La RFC implica que las empresas tengan la responsabilidad del bienestar integral de las familias de sus trabajadores y trabajadoras a fin de que puedan cuidar a todos sus miembros, tanto a los niños como a los mayores, ya que aquellas suministran los recursos humanos imprescindibles para el proceso productivo.
¡Contad con ellos!
La cultura del rechazo, asociada a la reconversión de los ciudadanos en meros consumidores, hace invisibles a las personas que ya no son productivas y, por lo tanto, pueden quedar al margen de la participación social y política de la toma de decisiones. Todo esto contradice aspectos que se desprenden de los ODS 5, 10 y 16, todos ellos dirigidos a la igualdad e inclusión de todos en todos los ámbitos de la vida.
Es por eso que resulta aquí trascendental considerar las metas que propone el ODS 4: Educación de calidad, y podríamos añadir también: para todos. Aquí, la calidad consiste en garantizar una preparación de los niños y de los jóvenes para la vejez, para que ésta no les sea una sorpresa; facilitar la toma de conciencia de que envejecemos a partir del momento en que nacemos. Una educación de este tipo puede cambiar totalmente tanto la perspectiva de la propia vida como la percepción que las personas jóvenes tienen de las ancianas. Por otra parte, garantizar una educación adecuada para todas las edades es también un indicador de calidad. La pasión o curiosidad por adquirir nuevos conocimientos retarda el deterioro cognitivo y favorece un envejecimiento saludable
¿Dónde está mi espacio?
Las necesidades de espacio y movilidad de las personas mayores son diferentes de las de las personas jóvenes, pero no son incompatibles. El ODS 11 considera ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. Con el fin de no dejar a nadie atrás, es esencial la participación de la gente mayor en las consultas y en las tomas de decisiones que tengan que ver con el desarrollo del entorno donde viven.
El bienestar integral de las personas (especialmente de los mayores) requiere (como propone la meta 11.7) una planificación urbanística que apoye la creación de espacios y comunidades que sean acogedores, transitables, con un buen mantenimiento y diseño, y seguros en todo momento.
La movilidad de las personas mayores, de acuerdo con la meta 11.2, necesita un transporte público seguro, asequible y accesible y la promoción de formas no motorizadas de desplazamiento, especialmente a pie y en bicicleta, que resulten esenciales para la inclusión.
Inclusión
Sí, incluir quiere decir no dejar a nadie fuera, construir una sociedad que sea una red de seguridad para todos. Es posible que algunas personas mayores no se acuerden de muchas cosas, pero es necesario que las instituciones y la sociedad se acuerden de quiénes son estas personas ancianas, cómo se cuidaron de los débiles, cómo contribuyeron a construir la convivencia, cómo nos acariciaron… Corresponder adecuadamente puede ser agradecimiento, pero es también justicia.
Fotografia: Raquel Banchio
Este artículo ha sido publicado en el número 185: Atrévete a envejecer
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.