¿Cómo conseguir el máximo bienestar de todas las personas –las que estamos y las que vendrán– dentro de los límites del planeta? El consumo y la producción, núcleos del sistema económico, son insostenibles si degradan el planeta y la convivencia humana hasta el punto de alejarnos de un verdadero bienestar inclusivo.

 

Pongámonos un momento a observar la materia disponible para el consumo como si fuera una esfera o cualquier forma geométrica. Como buena materia, es física y es finita. Una parte es inerte, otra está viva, sí, pero con condiciones. En todos los puntos de esta esfera se consume, en todas las regiones se produce, en todas se intercambia. A nadie le extraña que el consumo de materia en algunas regiones sea más elevado que en otras. Sin embargo, no es normal que el consumo de las primeras necesite 13 veces más materia prima extraída que el de las segundas en las que, lo sabemos, el consumo no logra satisfacer necesidades básicas. Podemos calificarlo como ineficiente, antinatural, insostenible, dependiente…, pero quizá el adjetivo que mejor los resuma sea irreal. Hay guiones que preferiríamos que se quedaran en ficción.

Como se viene explicando en esta sección de Ciutat Nova, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son una herramienta para ir más allá de la observación y del conocimiento de datos y pasar a la acción consciente, a escala global y mediante unas metas concretas. El objetivo 12 –consumo y producción responsables–, especifica unas cuantas metas que abarcan aspectos como la eficiencia en el uso y gestión de los recursos naturales, los efectos ambientales, o la gestión de contaminantes y sustancias químicas. Anima a todos los agentes, también a las empresas, a colaborar en el desarrollo sostenible con una especial mención al sector turístico. Otras metas impulsan la información al consumidor y la educación para el desarrollo sostenible y nuevos estilos de vida. Promueve los criterios de sostenibilidad, tanto en el sector público como privado, e impulsa el cambio de modelo mediante políticas públicas que racionalicen los subsidios a combustibles fósiles y fomenten la contratación pública sostenible.


Cambio de dirección

Sin duda hay que pisar el freno… y velar también por un reparto de recursos menos desigual.

  1. El sector agrícola genera el 22% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, debido a la conversión de bosques en tierras de cultivo.
  2. Sólo el 3% del agua del mundo es potable y los humanos la consumen más rápido de lo que la naturaleza tarda en reponerla.
  3. Sólo el 20%, es decir una quinta parte del consumo global de energía, proviene de fuentes renovables.
  4. Si la población mundial alcanza los 9600 millones de personas en 2050, para mantener el actual estilo de vida será necesario el equivalente a tres planetas.

UN OBJETIVO TRANSVERSAL

El 12 es uno de los objetivos más transversales de la Agenda 2030. El logro del objetivo de consumo y producción sostenibles crea alianzas y permitirá el logro de los objetivos relacionados con la alimentación (ODS 2), el agua y saneamiento (ODS 6) y la energía (ODS 7), al tiempo que contribuirá a la mitigación del cambio climático (ODS 13). Por su característica transversal requiere el trabajo coordinado del sector público, el empresarial y de la ciudadanía. El sector público, por ejemplo, poniendo normas que favorezcan el consumo sostenible y responsable, la ciudadanía con la conciencia y la ética en el consumo, las asociaciones de consumidores creando espacios de defensa de los derechos del consumidor y denunciando las incoherencias de algunas empresas, también las mismas empresas, siendo consecuentes con su política de responsabilidad corporativa…

El desperdicio alimentario muestra claramente la necesidad del trabajo coordinado en una cadena de producción. Se estima que un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial acaba en los cubos de basura o, debido a deficiencias en la recolección y el transporte, deteriorado. La solución a este problema pasa por distintos agentes: el sector público, agricultores y ganaderos, las empresas, los mercados o el consumidor final, por mencionar los más visibles. Por ejemplo, servicios públicos y asociaciones privadas pueden colaborar en el aprovechamiento de alimentos en favor de personas necesitadas. El marco legal puede incentivar las donaciones de alimentos. La cadena de distribución logística, desde el agricultor al minorista, puede evitar deterioros innecesarios de alimentos. El consumidor debe exigir de las empresas, transparencia en cuanto a fechas de caducidad y él mismo puede aumentar su conciencia solidaria y ecológica para minimizar los residuos y maximizar el aprovechamiento de alimentos.

En al ámbito del consumo energético se estima que los hogares consumen el 29% de la energía mundial y contribuyen al 21% de las emisiones de CO2 resultantes. Un simple cambio generalizado a bombillas de bajo consumo generaría un ahorro anual enorme.

Las acciones relacionadas con el ODS 12 pueden tener un impacto positivo en las economías de los países, ya que la transición a modelos económicos, de producción y consumo orientados hacia la sostenibilidad puede llevar a la cultura y el consumo de productos locales.

UNA POTENTE HERRAMIENTA

Como en tantos otros aspectos, el cambio –y a menudo el no cambio, ya que hay tradiciones y usos de nuestros abuelos muy en sintonía con los ODS y tremendamente glocal-conscious que simplemente no tenemos que abandonar, sino mantener o adaptar y transmitir– pasa por que los ciudadanos tomemos conciencia de que tenemos en nuestra mano una potente herramienta de la que apenas somos conscientes: el consumo.

Al fin y al cabo, todos los agentes de las cadenas que mencionamos antes (productores, empresas, sector público, distribuidores, financieros, etc…) son personas comunes y corrientes, es decir, consumidores. Todos tenemos la capacidad de tomar decisiones de acuerdo con nuestras convicciones y, a través de nuestros hábitos de compra, poder diversificar el mercado y orientarlo a un desarrollo sostenible. Por ejemplo, si hacemos comercio de proximidad, la demanda misma llevará a algunas empresas a adoptar estilos que, ya por la simple razón de reducir gastos de transporte, serán más sostenibles. No se trata tanto de demonizar la globalización, ni el mercado o el consumo en sí ni porque sí, pero sí tal vez de ir incorporando criterios que hasta ahora formaban parte de ámbitos no relacionados con la producción y el consumo. Si la ética, la globalización como conciencia de habitar un planeta compartido, y ¿por qué no? el gusto por la belleza de los productos duraderos, del trabajo bien hecho, del servicio bien prestado, de un intercambio justo, permean nuestros intercambios comerciales, bienvenidas sean. Nos puede llevar a abrir los ojos a la realidad de quien tiene pocas, poquísimas opciones de consumo y solo puede optar por lo menos sostenible; nos puede llevar a buscar formas de inclusión; nos puede llevar a aprender, a descubrir.

Y es que producción y consumo son, ante todo, una cuestión de relaciones. Cuidar de las relaciones entre personas en las transacciones y cadenas de consumo-producción nos llevará a evitar la “apariencia de sostenibilidad” (el green-washing, márketing basado en la presunta sostenibilidad del producto o servicio), a asociar consumo y producción y sus intangibles beneficios con gente tangible.


¿Sabes quién hizo tu ropa?

IOU PROYECT

Kavita Parmar quiere preservar el patrimonio textil de India y su mano de obra. Al mismo tiempo, para que el comprador sepa qué persona ha cosido la prenda o quién la ha cortado, permite completar la historia incluso con la fotografía de la persona consumidora, si así lo desea, para facilitar el contacto o, al menos para ponerle cara. La relación del consumidor con el producto cambia totalmente. Además de representar un ejemplo de producción y consumo responsable, esta iniciativa contribuye a mejorar las condiciones laborales del sector textil. Un paso más hacia la consecución del trabajo decente que propone el ODS 8.

I O U se lee «I owe you» y significa «tengo una deuda contigo»

@kavitaparmar @theiouproject 


Autora del artículo: Dori Rodríguez

Este artículo se ha publicado en el número 184 de Ciutat Nova: Otras caras del consumo

 

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