Existen frases a las que llamamos “lapidarias”. Son aquellas que tienen gracia, aquellas que su contenido es justo, acertado, razonable… aquellas que normalmente han sido formuladas por personas notables de la vida pública… Me ha llamado la atención esta “frase lapidaria” de Winston Churchill: “De cada calamidad podemos extraer una oportunidad”.
A primera vista parece un contrasentido, ya que normalmente las adversidades nos pillan a contrapié, nos entristecen y nos sentimos deprimidos, hasta el punto de creernos unos desgraciados. Enseguida buscamos culpables, que normalmente son los demás, y por esta vía no encaramos el problema con eficacia. Afrontar las situaciones adversas, requiere imaginación y sacar lo mejor de nosotros mismos. Las situaciones que parecen no tener salida no se pueden afrontar desde la mediocridad. Deben tratarse desde la excelencia. Es entonces cuando a la adversidad se le abre una oportunidad.
En sentido opuesto, cuando un conflicto se gestiona mal, no sólo no se resuelve, sino que se empeora. Estamos viviendo un conflicto “territorial” de gran magnitud y, a mayor abundancia, no ha aparecido la excelencia, sino la burda vulgaridad, el enfrentamiento, la descalificación. En uno de los últimos actos de Barcelona Tribuna, fue invitado Andrea Riccardi, presidente de la Comunidad de San Egidio. Le preguntamos por la posibilidad de mediación en este conflicto, de la misma forma como su comunidad ha hecho con éxito en otros casos, y dijo que no sedaban las condiciones para poder llevarlo a cabo, ya que es necesario que las dos partes lo deseen, sin poner límites ni condiciones, circunstancia que no se da en la actualidad. Según él, será un proceso largo, que exigirá mucha paciencia y que debería empezar por establecer relaciones benévolas y de simpatía entre las partes en conflicto, con la amable acogida del adversario, porque esto favorece la concordia, afloja los mecanismos de defensa y, al mismo tiempo, favorece un marco propicio para el diálogo.
Todos debemos aprender a ser menos viscerales y más flexibles; y alejarnos, unos y otros, de ciertos parámetros intocables. Aprender a relativizar las posiciones con una escucha recíproca profunda, sin imposiciones ni pretensiones de cambiar al otro, pero con la sana intención de encontrar soluciones compartidas, que podrán llevarnos a un escenario mejor para todos.
Acerca del autor
Licenciado en Ciencias Químicas, Master en Astronomía, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, colaborador habitual de Ràdio Estel, de Ciutat Nova y de CAT-Diàleg. Asesor ocasional de la Eurocámara en temas de medio ambiente.