Cada vez que conectamos el móvil o el ordenador, una pequeña gran mina se pone en funcionamiento. La materia prima no es algo físico, sino los datos de todo lo que hacemos (sí, todo).

La tecnología nos permitió hacer cosas que antes eran impensables: comunicarnos con un clic con amigos que están lejos, tener cientos de opiniones sobre un lugar determinado sin preguntar a nadie o conocer cuál es el mejor camino para llegar a casa después del trabajo sin encontrar atascos.

Ninguno de todos estos beneficios es gratuito. Las plataformas digitales ponen a nuestra disposición estas herramientas, pero a cambio nos piden algo muy valioso: la información de lo que hacemos.

Cuando descargamos la aplicación de Google Maps en nuestro móvil o nos abrimos una cuenta de Facebook o Instagram, aceptamos una larga lista de cláusulas y condiciones. El porcentaje de usuarios que se lee este documento es muy bajo. Ahí, sin saberlo, estamos aceptando que la empresa pueda recoger los datos de lo que hacemos con la aplicación para “mejorar la experiencia”.

Este “mejorar la experiencia” podría traducirse en “usamos tu información para conseguir ofrecerte algo más sin que te des cuenta”. Es por esto que cuando usamos Facebook, la red social guarda los datos de cada ‘me gusta, cada clic, cada publicación que hacemos. Más adelante, con esta información nos va a recordar amigos con los que podríamos contactar, páginas a las cuales seguir y publicidad que podríamos preferir.

Un famoso youtuber hizo un experimento: se puso a hablarle al asistente de voz que viene incorporado en el móvil. Le habló sobre juguetes para perros. Unos minutos después se puso a navegar por Internet y empezó a notar que le aparecían publicidades sobre juguetes para mascotas. ¿Casualidad? De ninguna manera. Si uno quiere usar el asistente de voz, acepta, entre otras cosas, que identifique las palabras y que de esa manera Google trate de “mejorar la experiencia”.

Claro que esa mejora de la experiencia muchas veces puede distar mucho de lo que cada persona piensa que es lo ideal. Quién tiene acceso a los datos, con qué objetivos y durante cuánto tiempo, son algunas preguntas que no suelen tener respuestas claras.

Lo explicó de forma concisa Edward Snowden, el ex técnico de la CIA que reveló el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos: “Facebook gana dinero explotando a sus usuarios y vendiendo detalles de la vida privada de millones de personas, mucho más allá de lo que publican voluntariamente. Facebook no es una víctima, es cómplice”.

Google tiene una lógica similar: es un servicio gratuito, que usa tus datos para mostrarte publicidad. Lee tus correos, sabe lo que buscas y en base a eso, te ofrece cosas para compres. Cobra a las empresas para que puedan mostrar sus productos a personas determinadas.

El escándalo en el que se vio involucrado Facebook, puso de manifiesto cómo la empresa Cambridge Analytica, la consultora que asesoró a Donald Trump en su campaña presidencial, consiguió datos de más de 87 millones de usuarios de la red social y los usó para construir grupos de perfiles de posibles votantes y así tratar de influir en su comportamiento.

Todo comenzó con una ‘inofensiva’ encuesta en Facebook. Uno respondía a un test de personalidad en el que elegía opciones a diferentes preguntas que se le presentaban. La herramienta no sólo recogía las respuestas del usuario, también guardaba información de intereses de los amigos de la persona que respondía la encuesta. Cambridge Analytica pagó para comprar la información personal de los usuarios a través de un investigador externo que, según Facebook, afirmó que estaba recogiendo los datos para fines académicos. El problema es que la empresa de Mark Zuckerberg no decidió controlar seriamente qué sucedía con los datos que se le daban a una persona.

Millones de usuarios sufrieron la “mejora de la experiencia”. “Cuando un servicio ‘on line’ es gratuito, uno no es el cliente, es el producto”, explicó ya en 2014 el CEO de Apple, Tim Cook. Tuvieron que pasar varios años y decenas de irregularidades de las empresas que recopilan miles de millones de datos, para que los usuarios tomemos conciencia del verdadero poder de la información.


Cómo proteger tus datos

Facebook tiene demasiados datos sobre nosotros, es por eso que los usuarios son los que tienen que intentar proteger la información que comparten en cada plataforma. Es muy fácil volverse paranoico y no querer usar la tecnología nunca más; pero si bien uno no puede tener el control total de la información que poseen de uno mismo, hay algunas cosas que se puede considerar hacer para restringir quiénes acceden a nuestra información en las redes sociales:

  1. Estar atentos a las aplicaciones que tenemos en el móvil. Descargar las ‘apps’ oficiales y mirar con cuidado los permisos que piden al descargarlas. Algunas están diseñadas para recoger los datos de los usuarios.
  2. Tratar de bloquear selectivamente los avisos, para limitar la publicidad que te muestran plataformas como Facebook o Google.
  3. Mirar la configuración de seguridad de las redes sociales y del correo electrónico, para comprobar qué opciones están habilitadas. Comprobar individualmente las preferencias de cada aplicación para ver también si diste permiso para acceder a información de tus amigos.
  4. Cada usuario puede descargarse los datos que poseen sobre él los principales sitios como Google, Facebook o Instagram. Ahí se puede ver absolutamente toda la información que guardan.

Autor: Agustín Tonet (@AgusTonet)

Publicado en Ciudad Nueva Argentina 598 (Junio 2018) – http://ciudadnueva.com.ar/n-598-junio-2018/

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